¿Dónde está papá?

Este es el tercer año que mi marido trabaja lejos de casa, a unos 650 km. Ha sido duro y sigue siendo duro. Pero no hablo de mí, hablo de las niñas.  Al final yo soy mayor, entiendo, meto sexta y saco todo adelante. No me da mucho tiempo para pensar en lo incómodo de mi situación pues todas las responsabilidades son mías y ejerzo de padre y madre a la vez. Pero las niñas es otra cosa. Cuando él marchó, Carolina tenía 2 años y Silvia 5 y todo fue más difícil si cabe. No entendían por qué papá no estaba en casa, no podían verle cuando querían, no las acostaba por la noche… Para ellas fue un cambio muy grande. Al estar en paro, mi marido las llevaba al colegio y las recogía y, de repente, las apunto a madrugadores y a comedor. Lo pasaron bastante mal y siguen pasándolo. Pero, por suerte o por desgracia, la vida me ha hecho fuerte y he aprendido a ayudarlas para que su vida sea más fácil. Aquí os dejo unos consejos para conseguirlo:

1.- Ponte en su lugar

Si para los mayores es difíciles, imagínate para ellas que no entienden nada. Sólo tienes que intentar ponerte en su pellejo, intentar sentir lo que ellas sienten y actuar en consonancia. Si están tristes, intenta animarlas haciéndoles olvidar la situación, haciendo o diciendo tonterías o empezando a hacer alguna actividad con ellas.

2.- Hazles sentir que tú estás a su lado

Tienes que estar 100% con ellas. No tienes tiempo para ti, pero es lo que hay y llévalo a cabo siempre con una sonrisa. Tranquilidad y felicidad es lo que tienes que contagiarlas aunque por dentro estés al 10%. Creo que esto me ha servido para que mis hijas siempre estén sonriendo y dé la sensación que ellas están bien, que no les pasa nada. Nos levantamos con música, bailamos recién levantadas y siempre sonriendo. En alguna ocasión, se ponen a llorar por una tontería y en seguida entiendo lo que les hace falta: llorar y sacar la rabia que no saben gestionar. Entiende que la tontería no es el motivo. Olvídala al igual que su cabezonería y abrázala. Y las pregunto: “¿Tienes ganas de llorar, hija? Pues llora lo que quieras” Y sigue abrazándola. Olvídate de la lavadora que tienes que tender o de la comida de mañana. Sólo estáis ella y tú y así se lo tienes que hacer sentir. Por supuesto, tenemos que aprender cuándo es capricho y cuándo es tristeza, porque si no se nos suben a la chepa. Pero creo que las madres les conocemos bien para distinguir entre sus rabietas y sus malos ratos.

3.- Tú también eres persona y tienes sentimientos

Todo lo que estoy diciendo parece fácil llevarlo a la práctica, pero hay veces que no puedo más, que exploto, que necesito llorar, que me salen chillidos en vez de frases amistosas. Hazles ver que tú también tienes sentimientos, que también echas de menos a papá y que tienes tus malos ratos. Ellos lo entenderán. Sólo tienes que explicárselos. Cuando las chillo sin motivo a continuación las abrazo y se lo explico: “Mamá está rabiosa hoy. Necesito vuestra ayuda. Perdonadme si no os sonrío. Sólo necesito llorar, como cuando os abrazo yo para que lloréis vosotras” Lo entienden a la perfección y creedme cuando os digo que OS AYUDAN. No es la primera vez que se ponen a decir y hacer tonterías para hacerme sonreír (aprendizaje por imitación) y también os digo que eso a veces me hace llorar más, pero por orgullo y emoción.  Creo que los niños son más listos de lo que nos pensamos a veces. Sólo hay que hablar con ellos. El objetivo es que no piensen que son ellas las culpables de tu mal humor o tu enfado.

4.- Somos un equipo

“Papá no está. Necesito vuestra ayuda. Yo sola con todo no puedo y necesito que estéis a mi lado. Somo un equipo y vamos a conseguirlo, siempre juntas” Y las llega al corazón. Hacen la cama, ponen y quitan la mesa porque además, “cuanto más la ayudemos más tiempo va a tener para jugar con nosotras”. Dales algo a cambio y no me refiero a dinero, me refiero a tiempo, atención. “Si me recogéis los juguetes, en cuanto acabéis jugamos juntas al pictureka” Y otra vez, de nuevo, olvidamos lavadoras, comidas y suelos sucios. He aprendido que no tener la casa tan limpia no es un pecado. Lo que no es bueno es descuidar los sentimientos de vuestras hijas por tenerla limpia. Al principio estaba más estresada y tenía que tenerlo todo bien, como siempre. Graso error pues ese estrés se notaba y lo contagiaba. Limpio cuando puedo y, si no, no pasa nada. De veras cambio un ventana sucia por un corazón alegre.Gracias a Dios, me he dado cuenta a tiempo. Eso sí, los sábados dejamos a mamá un par de horitas por la mañana sin molestarla y luego ya tendrá tiempo de estar con nosotras”

Para acabar, y aun sabiendo que voy a parecer una “madre tonta”, debo dar las GRACIAS A MIS HIJAS porque yo también estoy aprendiendo mucho de ellas, por ayudarme siendo tan pequeñas, por ser tan soletes y porque cada día me hacen más feliz, si cabe. ¡Ya sólo nos quedan 4 meses!

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Un comentario sobre “¿Dónde está papá?

  • el 25 marzo, 2018 a las 10:15 pm
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    Ya solo quedan 4 meses… Y lo bien que los están haciendo… y lo bien que lo estas haciendo… Os quiero.

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