¿Son buenos los premios?

¿A quién no le gustaría tener un incentivo en su trabajo cuando lo hace bien?

Y no me estoy refiriendo únicamente al dinero pues no todos los premios deben ser económicos. Si tu jefe te dice hoy: “Has trabajado mucho esta semana. Mañana no vengas a trabajar” Creo que pasado mañana irías a trabajar con más fuerza.

Extrapolemos esto a los niños. Si hacen algo bien, ¿por qué no premiarles? Un día puede ser un helado pero al día siguiente puede ser que elijan al parque al que quieren ir o, simplemente, que mamá les lea un cuento o realice alguna actividad con él por la tarde. Debemos separar la idea de premio con “regalo” o “juguete” o “chuches”. Con esto no quiero decir que tampoco haya premios económicos, pero no deben ser los únicos. Y me aventuro, y no creo que me equivoque mucho, al decir que los niños al final disfrutan más de una tarde con mamá haciendo algo divertido que de una piruleta.

Los premios no tienen por qué ser económicos. Un cuento leído por mamá o una tarde en el parque les provoca más satisfacción que una piruleta.

En el colegio, a los niños más pequeños les entrego una pegatina cuando trabajan bien y deberíais ver su cara de satisfacción cuando las pegan en su archivador y las ven todas juntas. Pero, ¿por qué no?, algún día que aprovechan muy bien el tiempo y trabajan duro, les dejo el último rato de la clase viendo canciones en inglés en la pizarra y les encanta ganar este “premio”. Encima, no son conscientes de que con el premio también están aprendiendo. Con esto consigo que tengan ganas de trabajar, que estén motivados y no me he gastado un duro para recompensarles por su esfuerzo.

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